Cuando más entrenamiento no es mejor
Cuando más entrenamiento no es mejor
La programación estratégica del entrenamiento para la mejora de la condición física debe incluir el descanso como elemento fundamental, ya que es en esta fase cuando nuestro sistema se recupera y genera las adaptaciones más óptimas.

Dos fases, una misma finalidad: mejorar nuestro sistema

Una de las dudas más importantes a la hora de iniciar un programa de ejercicios es la de “cuánto tiempo es necesario para poder obtener los resultados que espero”. A dicha duda, se añade la idea de que “si voy todos los días al gimnasio o hago muchas actividades al día, conseguiré mi objetivo más rápido”. Estas afirmaciones habría que analizarlas detenidamente, ya que si no estimulo la musculatura de una forma precisa, mi sistema me devolverá ese sobreesfuerzo manifestándolo de alguna manera.

“El ejercicio adecuado crea el estímulo, el cual es catabólico. La respuesta anabólica no la crea el ejercicio, sino el cuerpo humano al adaptarse a dicho estímulo”  Lucas Leal (Resistance Institute).

 Al hacer ejercicio, el cuerpo humano recibe una serie de estímulos que provocarán que la aguja homeostásica de nuestro sistema se vea alterada. La homeostasis es el conjunto de procesos que se producen en nuestro sistema, a través de los cuales, éste se autoregula para mantener el equilibrio en su composición interna y propiedades que garanticen su supervivencia.

 En este proceso hay dos fases contrapuestas, complementarias y necesarias ambas para que nuestro sistema pueda seguir viviendo saludablemente. Estas son las fases de anabolismo y de catabolismo.

  • Anabolismo: Todo aquello que provoca crecimiento y diferenciación en nuestro organismo.
  • Catabolismo: Todo aquello que provoca destrucción, descomposición, fallo en nuestro organismo.

 Así pues, el anabolismo y el catabolismo son dos estados que se complementan y se necesitan. 

 

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¿A qúe corresponden estas dos fases en el entrenamiento?

La fase catabólica se produce durante el entrenamiento. En el momento en el que hacemos ejercicio estamos alterando ese equilibrio que, de manera natural, nuestro sistema busca. Por lo tanto, durante el entrenamiento, lo que hacemos es dañar, de forma consciente, controlada y segura nuestro cuerpo para que, a través de sus mecanismos internos, se reconstruya más fuerte y consiga soportar cada vez cotas más elevadas de intensidad y esa aguja homeostásica cada vez esté más alta y siempre equilibrada. Es una fase de destrucción, no de mejora. Así pues, el ejercicio ha de ser controlado y ajustado, puesto que si no consigo aportar la dosis adecuada, los daños en los tejidos serán mayores de lo que mi propio cuerpo puede tolerar durante la fase de recuperación y, con ello, no estaré mejorando mi salud, sino todo lo contrario. De esta manera, más no sería mejor, más horas en el gimnasio, más horas de actividades, más entrenamiento no es sinónimo de mejor salud, ya que puede que esté generando en mi sistema una carga demasiado elevada sin proporcionar las condiciones necesarias de regeneración de esos tejidos frente al daño provocado.

Anabolismo y catabolismo son dos procesos que se producen en nuestro cuerpo y que permiten al organismo regularse para mantener el equilibrio.

La fase anabólica es la fase en la que mi cuerpo produce todos esos procesos regenerativos capaces de superar el daño provocado durante el entrenamiento.  Es la fase en la que mejoramos nuestra salud. Entramos en anabolismo justo después del ejercicio. Nuestro cuerpo está débil después de aplicar fuerzas a nuestro sistema musculo- esquelético y todo el desajuste homeostásico que ello conlleva. Una de las funciones de la musculatura es generar tensión que contrarrestre esas fuerzas, por lo que el ejercicio debe ser lo más preciso posible y con fuerzas controladas, evitando en todo lo posible que las fuerzas excesivas y los daños en los tejidos no puedan ser reparados durante esta fase. Además, para que la fase anabólica sea efectiva respecto del catabolismo provocado, se han de tener en cuenta factores fundamentales como un adecuado descanso y una alimentación equilibrada. Si el descanso no es el adecuado, nuestros tejidos no encontrarán la forma de adaptarse para mejorar nuestro sistema. 

 

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El entrenamiento es el estímulo, el descanso es la regeneración.

El descanso como partida de la recuperación

Así pues, el descanso entre sesiones de entrenamiento ha de ser muy tenido en cuenta, ya que de ello depende la capacidad de nuestro cuerpo de regenerarse para que, de nuevo, en la siguiente sesión de entrenamiento, pueda rendir de la manera más eficiente, eficaz y segura posible. A su vez, la alimentación es el otro factor clave, puesto que, es a través de los nutrientes como nuestro sistema consigue recuperar y reconstruir su estado natural de equilibrio. 

 

Encontrando el equilibrio para mejorar

Con todo lo expuesto, es importante señalar que el desequilibrio puede venir desde ambas fases. El desequilibrio en la fase catabólica sería el sobreentrenamiento (por exceso de dosis de ejercicio, poco descanso y recuperación y demás factores) contrapuesto al concepto de sobrecompensación (donde sí se produce esa mejora de la salud), como en la fase anabólica, cuyo ejemplo más evidente es el sedentarismo, ya que una vida sedentaria nos conduce a un continuo anabolismo que, igualmente, daña nuestra salud.

 Por lo tanto, es fundamental generar un estado catabólico adecuado para producir un anabolismo de regeneración y sobrecompensación que suponga, de forma efectiva, una mejora de nuestra salud.

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